Po shfaqen postimet me emërtimin Anacristina Rossi. Shfaq të gjitha postimet
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14.5.08

A montarse en vaca flaca, por Anacristina Rossi




El presidente nos anuncia que vienen vacas flacas. ¿Cuáles serán esas vacas?
¿Las que se arrean y facilito entran en el corral? No, esas son flacas y
gordas. ¿Las de sus fincas? No; todos sabemos que Arias es inmensamente
rico, esas estarán siempre de rajar con la uña. ¿Entonces cuáles?
Examinando las entrevistas que el presidente dio a La Nación, La Prensa
Libre y Al Día se llega a la conclusión de que las vacas flacas que nos
esperan son la pobreza. ¡La pobreza! ¡Pero si Arias nos dijo que aprobándose
el TLC, todos los ticos íbamos a poder cambiar los Hyundai y las motos por
carros Mercedes y BMW! ¡Y que si no se aprobaba, todos nos íbamos a tirar
del puente de los Anonos!

¡Y el TLC se aprobó como él quería y ahora lo que nos dice es que nos
olvidemos del Mercedes o del BMW, porque en lo único que vamos a poder
circular es en una vaca flaca! ¿Quién entiende al presidente?
Yo. Arias lo explica claramente en sus entrevistas. Dice que la pobreza
vendrá porque Costa Rica es muy dependiente de Estados Unidos, y por lo
tanto la crisis de Estados Unidos hace que la pobreza aumente acá.
Eso es definitivamente cierto. Lo que también es cierto y que Arias no
permitió que se informara a cabalidad durante el referendo, es que el TLC y
las leyes de implementación nos vuelven aún más dependientes de Estados
Unidos. Y como según los expertos lo más posible es que la crisis de los
gringos se agrave mucho más y dure largo rato, el TLC y las leyes de
implementación traerán, ya no vacas flacas, sino vacas esqueléticas para
Costa Rica, vacas a punto de morir.

Por lo tanto, en buena lógica, lo que hay que hacer para evitar la pobreza
es impedir que el TLC y las leyes de implementación empiecen a operar.

Arias tiene el deber moral de explicarle al país que el TLC es la coronación
de un modelo basado en la inversión extranjera directa, las exportaciones,
la ausencia de seguridad alimentaria y el abandono de la producción
nacional. Ese un modelo que nos ha vuelto muy débiles y vulnerables a las
crisis externas. Por ejemplo la crisis de Estados Unidos, o la crisis de
hambre provocada por el neoliberalismo y los biocombustibles.

Porque la verdad es que Arias hubiera podido aliviar la flacura de las
vacas, si en lugar de meternos el TLC hasta por debajo de la lengua, hubiera
usado sus 38 diputados para: aprobar por ejemplo un impuesto a las ganancias
de capital, que existe en todos los países civilizados; fomentar la
producción nacional de arroz, frijoles, maíz, etc.; y para estimular la
inversión tica en lugar de la inversión extranjera. Si hubiera hecho esas
tres cosas tendríamos talvez la visita de vacas esbeltas, pero no de vacas
flacas.

¿Por qué Arias no acepta que se equivocó y da marcha atrás? Aún estamos a
tiempo de evitar una catástrofe.

6.8.07

"los ticos somos unos cuilmas", Vinicio Chacón entrevista a Anacristina Rossi

Leer la entrevista completa, del Semanario Universidad: AQUI

28.6.07

Esperando en bahía, por Anacristina Rossi






En las agencias navieras ese es el término para el vapor que llegó al puerto pero aún no tiene un sitio de atraque. Esperar en bahía cuesta caro, si mal no recuerdo.

Me parece que en estos momentos la mayoría de los ticos estamos “esperando en bahía”. Nos llevaremos el socollón cuando nos pasen la cuenta.

Todo se nos ha torcido, desde el acto administrativo más básico hasta el proceso electoral, pasando por el nombramiento de gerentes en las agencias estatales. Pero los ticos esperamos pasivamente en bahía a que al final todo salga bien porque en Costa Rica todo siempre al final sale bien: por gracia de Dios somos el país de la pura vida.

Estamos a punto de aprobar un Tratado de Libre Comercio pésimamente negociado que cambiará radicalmente – y no siempre para bien- nuestro país, pero son pocos los que se pronuncian sobre este proceso. La mayoría de los ticos espera en bahía que otras fuerzas, no ellos, tomen la decisión, y si se aprueba el tratado esperarán calmamente no salir por dentro.

Nadie se ha tomado esta campaña electoral en serio: la hemos observado desde la bahía. Por ejemplo, nadie le ha preguntado a los candidatos que están a favor del TLC qué va a pasar con nuestra biodiversidad, nuestros bosques, nuestra agua, cuando dicho tratado reduce la naturaleza al estatus de mercancía y hace imposible su defensa –para darse cuenta basta con leer el capítulo 17. Cuando el candidato favorito según ciertas encuestas dijo que Costa Rica debía desarrollarse al estilo de Irlanda, nadie ni siquiera tímidamente le sugirió que quizás Irlanda se había desarrollado no tanto gracias al neoliberalismo y al libre comercio sino a los millonarios subsidios de la Unión Europea.

El actual Presidente de la República sabe que el TLC pone en riesgo total nuestro ambiente y para mitigar este aspecto dañino en caso de que la apatía de los ticos permita la aprobación dicho tratado pudo haber dado la lucha para que se incluyeran las Garantías Ambientales en la Constitución; o al menos podría reintroducir el proyecto dentro de la corriente legislativa. Le queda muy poco tiempo para hacer algo positivo en su administración pero no lo hace, prefiere quedarse esperando en bahía.

No hay que ser sukia para darse cuenta de que los ticos no están motivados para participar en este proceso electoral, que los que siempre habían acudido a juramentarse como miembros de mesa hoy no acuden. Ante esta realidad, el Tribunal Supremo de Elecciones pudo haber tomado medidas como por ejemplo movilizar a los jóvenes. Pero el T.S.E. prefirió esperar a que en el último momento los ticos respondan y se juramenten y todo sea tan bonito como ha sido siempre. Así no habrá siquiera que plantearse que a lo mejor la apatía para participar como miembros de mesa quiere decir que piensan que el proceso electoral mismo está desgastado o deslegitimado no sólo por la corrupción en las instituciones, denunciada a diario, sino también porque el candidato favorito llegó ahí por un salacuartazo.

Si los ticos seguimos “esperando en bahía” nos quedaremos sin alma. Y cuando sintamos que ya no creemos en nada, ni siquiera en la antigua euforia de las elecciones, cuando ya no podamos defender nuestra biodiversidad, nuestros bosques, nuestra agua, cuando el comercio y el dinero ahoguen nuestra calidad de vida, alguien dirá: “Pudimos haber negociado un TLC más digno y más ventajoso pero no lo hicimos; pudimos haber incluido las garantías Ambientales en la Constitución para poner la vida y el futuro a salvo pero no lo hicimos; pudimos haber propuesto cambios en nuestro sistema electoral para poder inscribir en él la voluntad popular pero no lo hicimos; como pueblo estábamos maduros para tomar nuestro destino en nuestras manos por ejemplo mediante plebiscitos pero no lo hicimos.”

Si continuamos “esperando en bahía” no sólo perderemos el alma, lo material también pues “esperar en bahía” cuesta miles de dólares cada hora que pasa. Si no lo creen, pregunten a una agencia naviera.


Anacristina Rossi | Febrero 03, 2006