Po shfaqen postimet me emërtimin Alicia Pifarré. Shfaq të gjitha postimet
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6.1.09

Para impunidades, el tiempo, por Alicia Pifarré Pan




Seguridad y justicia son dos valores jurídicos que a menudo se llevan a las patadas. Tienen entre sí una relación extremadamente conflictiva: mientras no se manifieste la seguridad, valor de rango inferior, no habrá justicia; sin embargo, en muchas ocasiones, en aras de la seguridad se sacrifica a la justicia.

Los seres humanos, endebles como somos, atesoramos la seguridad mucho antes de percibir siquiera la sed de justicia. La prisión de Guantánamo demuestra que no miento.

Las trincheras jurídicas que permiten a funcionarios públicos conservar la investidura, a pesar de su conducta notoriamente reñida con los principios éticos, serán manifestación de la seguridad pero agravian a la justicia; mientras se tramitan investigaciones, recursos de apelación, acciones de inconstitucionalidad y más procesos de investigación ante distintas sedes, el Derecho torna evidentes sus miserias antes que su fortaleza.

Cuando la injusticia se traduce en impunidad, cuando los vericuetos y artilugios procesales dejan sin sanción a quien debiera, legalmente hablando, asumir las consecuencias de sus actos, la armonía social, fin último del Derecho, desaparece.

El alma humana reacciona instintivamente ante la impunidad liberando al monstruo de la ira para clamar venganza. Así, el Derecho pierde el monopolio de la fuerza y la convivencia social se torna caótica, violenta, imposible. No debemos llegar a este borde de la anomia.

Hoy en día ladrones, violadores, agresores, conductores temerarios, todos de inveterada reincidencia, pavonean su libertad ante la mirada incrédula y el terror paralizante de sus víctimas; y uno se pregunta ¿qué ha pasado con los procesos previos? ¿no hay sentencia? ¿los habrán encontrado inocentes en todos los casos? ¿por qué se dejó libre al autor de diecisiete puñaladas a una madre de cuatro hijos?
Los tiempos procesales corren a favor de las conductas antijurídicas y privan de protección a quienes cumplen las normas. No es justo.

Hoy en día una señora es diagnosticada con cáncer en el cuello del útero y le dan cita para operarla ocho meses después; la señora presenta un recurso de amparo que demora cuatro meses en resolverse, y cuando llegue la notificación ordenando a la CCSS que se la opere de inmediato, podría ocurrir que los deudos estén regresando del cementerio. No es justo.

Hoy en día, a más de un año de planteada, se declaró sin lugar la acción que consideraba ¡inconstitucional el deber de probidad en el caso de los diputados! Bien, luego de un año de tratamiento hemos recobrado la razón: también la conducta de los diputados encuentra límites en el deber de probidad. Se necesitó una resolución de la Sala IV para librar de toda duda a una verdad tan simple.

Declarar sin lugar la acción significa que no cabe -literalmente- ningún reclamo de constitucionalidad contra la ley. Debe aplicarse pues sin más demora, como cualquier ley vigente; por tanto, debe continuar el interrumpido proceso -iniciado por la Procuraduría de la Ética Pública- que determinará si se retiran o no las credenciales al diputado Fernando Sánchez, autor del memorandum que ofendió hasta el alma nuestra democracia.

Pero, ¡ay! el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), que antes aseguraba resolver el asunto en un mes, ha dicho que esperará a conocer el texto completo de la sentencia antes de proceder. ¿Por qué tiene que esperar? No lo se. Y las decisiones del Tribunal no son cuestionables ante el Poder Judicial.

Según dicta la experiencia, pueden transcurrir más de seis meses antes de que el fallo de la Sala IV esté redactado. Después seguiría el proceso ante el TSE. Y así, es posible que el autor de tal manifiesto antidemocrático llegue al final de su mandato sin sanción alguna en caso de corresponderle. No es justo.

Decían nuestras abuelas: "para verdades, el tiempo". Hoy en día, con frustración, nos toca decir: "para impunidades, el tiempo". No es justo.

*Abogada

10.8.07

Juguemos a perder: el gobierno invita, por Alicia Pifarré.


La cosa es así: se sientan a la mesa representantes de dos o más países; un país pone las reglas y los demás aceptan; se redactan un montón de cláusulas en lenguaje oscuro (la tinta es muy muy negra) que nadie entiende; todos firman apurados y empieza el juego.

Les cuento que en la maratón de los TLC, Costa Rica va perdiendo en casi todas las competencias. Nuestra balanza comercial, que "pesa" lo que compramos y lo que vendemos (los entendidos le llaman importación y exportación), y marca cómo nos va en el juego, ha sido
obstinadamente NEGATIVA desde el puritico principio. Pero los gobiernos siguen firmando tratados, es decir, siguen invitando al juego. Está raro ¿no?

A ver si me explico mejor con números. Pongan atención.

El Tratado de Libre Comercio con México (1º de enero del 1995) nos ha deparado 11 años de balanza comercial NEGATIVA. Empezamos perdiendo $163,7 millones de dólares (1995); después, para el 2000, perdimos $293,2 millones de dólares y en el 2006 llegamos a perder $413,9 millones de dólares. Ganar nunca, a eso no se juega.

Como "millones de dólares" repetido tantas veces aburre, de ahora en adelante sólo pongo los numeritos. Se entiende que siempre son millones de dólares (como en el fútbol, que no se necesita decir "goles" para entender los números ¿no?). Sigamos.

Con Canadá venimos perdiendo desde 1995 también ($11,6 ese año), pero cuando firmamos el Tratado (23 de abril del 2001) aumentamos la pérdida y llegamos a $42,7; después, en el 2004, batimos récord: compramos $82,7 y vendimos apenas $33,3 o sea que perdimos $49,4; el año pasado (2006) mejoramos un poco y solo perdimos $17,5. Para que sepan, les cuento que en 1998 quebramos la regla y ganamos $3,7 millones, (aquí sí puse "millones", para festejar) todo un éxito; pero nos sacaron tarjeta amarilla y empezamos a perder mucho más que antes, sin parar.

Con Chile nos va feo desde 1996; para el 2000 ya nos iba espantoso: ese año perdimos $47,9; entonces firmamos Tratado (15 de febrero del 2002) y nos fue peor, ese mismo año perdimos $71,2 como corresponde; para el 2006 avanzamos escandalosamente en reversa y perdimos $202,4. ¿Qué tal?

Con Estados Unidos no tenemos TLC, todavía, pero igual perdemos. En 1995 nos ganaron por $749,3; para el 2002 llegamos a un saldo negativo de $1.149,1; en el 2006 la cuenta en rojo subió a $1.389,7 (aproximadamente 721.254,3 millones de colones al cambio de hoy). Cuando tengamos TLC ¿hasta dónde irá?

Con Centroamérica (no incluye Belice y Panamá) tenemos Tratado desde 1963 y nos va de lo más bien. Es decir, jugamos a otro juego. Desde 1995 hasta el 2006, hemos ganado todos los años, cada vez más. En el 2006, la balanza comercial fue positiva en $703,8. Una belleza. Pero
ellos ya celebraron (¿se podrá decir así?) el TLC con Estados Unidos, y han perdido bastante en el primer año (salvo Nicaragua, donde los salarios son tan bajos que tienen que venir para acá a trabajar) Y bueno, hay juegos más peligrosos que otros.

Viéndolo bien, eso de que les llamemos "socios comerciales" a los países con los que siempre perdemos no lo entiendo. Debe ser que algunos, en Costa Rica, no pierden nunca. ¿Ustedes saben quiénes son?

En este juego de perder hay algo raro, porque el gobierno invita pero el pueblo paga. Me parece un juego medio tonto. Una de dos: o cambiamos las reglas o nos buscamos otros socios. ¿Qué les parece?

Y otra cosa, nos piden que "creamos" que los TLC son buenos para el país. Yo creo en Dios, porque Él me ha concedido esa gracia y me dio libertad para aceptarla. En lo demás, trato de "conocer" y para eso necesito datos, información, no solicitudes de apoyo incondicional a
la autoridad. ¿Ustedes?


PD: si quieren ver gráficos de colores y TODOS los números desde 1995
hasta 2006 pueden ingresar a Procomer y a Banco Central ,
que son las páginas de Internet donde el gobierno informa cómo vamos
en el juego.
Allí buscan estadísticas; hay para entretenerse un buen
rato.